27 de noviembre de 2011

5.

La semana pasó como normalmente pasaba, algunos días tenia la sensación que se pasaron en una milésima de segundo sin tener tiempo de rehacer y ordenar mentalmente lo sucedido; otros en cambio tenía la sensación de que cada cinco minutos pasaban tres horas, por supuesto, dándome tiempo a ordenar y reordenar lo que pasaba por mi alrededor. Por fín, llegó el viernes. Esa mañana en la academia todo pasó en un abrir y cerrar de ojos, no sé porque, pero sucedió. Llegó la hora y salimos de aquel edificio entre charlas y risas. Bob y Dylan se acercaron a mí. 
 -Oye Carlos, vente esta noche con nosotros por ahí. Es viernes - dijo Dylan
Los miré, los dos estaban ansiosos de escuchar un sí. Como era de esperar, los complací.
 -Claro contad conmigo. ¿Quiénes vamos?
 -Los de la clase. Nos lo pasaremos guay. 
Sonreí, me parecía bien. Salir siempre con Bob a solas ya me cansaba.
 -¿A qué hora quedamos?
 -A las doce en la entrada a Calle Sierpes.
Asentí, y con una sonrisa les hice un gesto de despedida. Antes de llegar a la parada del autobús escuché mi nombre, me dí la vuelta y vi a Delia correr hacía mí. Estaba en mi clase, tenía la misma edad que yo y las mismas ganas de irse que yo. Era morena con el cabello corto y un flequillo liso. Se acercó a mí en un abrir y cerrar de ojos. Vi a los lejos que Bob y Dylan la observaban mientras fumaban.
 -¡Delia! ¿Qué ocurre?
 -Nada, no me había despedido de ti.- dijo jadeante.
 -bueno pues aquí me tienes ¿vienes esta noche?
 -Claro, ¿pensabas que te ibas a librar de mí?
 -Por supuesto - dije sonriendo.
 -Estúpido - y me dio en el brazo.- te veo a las doce en la Calle Sierpes. ¡No llegues tarde!
 -Habló a la que siempre hay que esperar tres cuartos de hora. 
 Ella sonrió y me sacó la lengua. Se acercó y me besó la mejilla, se dio media vuelta y empezó a andar, cuando llevaba mitad del camino recorrido se dio media vuelta y me sonrió. Yo la miré y sonreí. Aunque lo pareciese no eramos pareja y nunca antes lo habíamos sido. Era guapa, pero no me despertaba ningun interés sexual si quiera. Segun Bob, ella estaba colada por mí desde hacía tiempo, pero lo veía una tontería. Ella sabrá, ella sabe mis sentimientos hacía ella. En ese momento escuché el portón del piso de atrás, y me giré de un susto. Vi como una chica se acercaba a la parada de autobús, era la chica de los ojos verdes. En ese momento me atraganté con mi propia saliva, vi como ella me miraba mientras yo no paraba de toser. La señora mayor que estaba sentada a mi lado no paraba de preguntarme:
 -¿Se encuentra usted bien joven?
Se parecía muchísimo a Manuela, mi vecina. La chica de los ojos verdes de acercó, y me dijo:
 -A ver, tranquilizate y tose fuerte.
Lo hicé mientras me daba golpes en la espalda. En un abrir y cerrar de ojos la tos se me pasó. No paraba de decirme en mis adentros "la has cagado". La miré y le sonreí.
 -Gracias.
Ella me devolvió la sonrisa. Ahora que podía verla de cerca pude ver sus ojos a la perfección. Verdes como una esmeralda, y con una pupila negra como el abismo, tenía la sensación de caerme en él. Su piel era oscura, nunca la había tocado, pero el calor que desprendía pocas lo hacen. Tenía la sensación de haberme quedado embobado mirándola, pero no era una simple sensación... me había quedado embobado mirándola!
 -Hola, me llamo Diara.- aunque no pareciese de aquí tenía buen idioma, aunque a veces se le escapaba una mala pronunciación.
 -Hola... yo, me llamo... Caa-rlos.-balbucée
Ella rió y dijo:
 -Tranquilo, respira.
Sin quererlo sonreí y me sentí como un tonto. Miré para atrás y vi a través de los cristales de la parada de autobús que ya ninguno de mis compañeros quedaban en la puerta. Todos se habían ido. Tampoco estaba Delia. "La verdad me alegro. ¿Me alegro?¿En serio? qué pasa, ¿tienes miedo de que te vea con ella? ¿Con ella? ¿ya eres capaz de llamarla ella? si todavia no la conoces apenas, bueno, de un nombre se pueden sacar muchas cosas. ¡Basta! Pareces tonto de verdad Carlos, céntrate en Diara." 
 -Bonito nombre.- sonreí
¿Bonito nombre? ¿Eso es todo lo que se te ocurre? de verdad... vaya conquistador nato.
Ella me miró. Parece como si me estuviera leyendo todo lo que pensaba. "Espero que no sea eso, porque como lo sea... ¡qué verguenza!" pensé.
 -Oye Diara, ¿coges el autobús?
 -Bueno, la verdad es que no.
"¿Y qué haces entonces sentada en la parada del autobús?" Me entraron ganas de preguntarle.
Se dio media vuelta hacía mí para poder hablar de cara conmigo.
 -La verdad es que te preguntaras que hago aquí sentada si no cogo el autobús -hizo una pausa y sonrió. - es que estoy esperando a alguien, para eso. No pienses que soy tan rara.
 -"Por eso"-corregí
Ella me miró con rostro en duda, sin saber muy bien a lo que me refería.
 -No se dice "para eso", se dice "por eso".
Ella sonrió y se sonrojó un poco.
 -¡Ah! Qué tonta. Lo siento, "por eso", "por eso"...
Los dos nos reímos juntos. Recapacité todas las palabras de ella: "estoy esperando a alguien"
"¿Alguien? Normal... no tengo nada que hacer."
En ese momento llegó el autobús, y deseaba con todas mis ganas que no pasase. Pero en cuanto llegé de mi mundo vi el autobús abriendo sus puertas delante de mí. La señora se levantó, y a continuación mis pocas ganas de dejar a esa bella chica de ojos esmeralda en la parada y mi flojera desde pequeño hicieron que me levantase lentamente. Ella se levantó también. Tenía el bolso entre las manos, apoyado en la cintura. Me miró y dijo:
 -Bueno Carlos, encantada.
No podía resistirme a esa mirada. Se acercó a mí y me dió dos besos en las mejillas, como hacen las personas educadas.
 -Igualmente. 
Me precipité a la puerta de entrada al autobús, subí el primer escalón y me dí la vuelta. Ella se había sentada, rápida se dió cuenta que la miraba y clavó sus ojos en mí. "Tengo que reaccionar" me dije.
 -Oye Diara, si alguna vez coges el autobús y no tienes que esperar a nadie, cuenta conmigo para que el viaje no se te haga tan aburrido.
Ella me sonrió y bajó la vista hacía el suelo.
 -Hasta pronto.
Y siguió mi mirada hasta que el autobús cerró sus puertas y se alejó. Perdí su mirada. Y pensar que en la calle de donde acabamos de desembocar se encuentran una de las miradas más bonita que reside en esta ciudad ahora mismo. "Hasta pronto" Sus palabras no dejaban de resonar en mi cabeza, no sabía como tomármelo, si un "hasta pronto" de verdad, o un "hasta pronto" de "¡piérdet capullo!". No paraba de pensar en eso. Pagué y me senté. Que vacío estaba todo eso. Miré a la ventanilla como siempre hacía. Bueno, deja de pensarlo. Total, ni tienes su número y no sabes nada de ella, sólo su nombre y que espera a "alguien". Bueno, pues que ese "alguien" la disfrute. Y así, aburrido y pensativo ví correr la ciudad frente a mis ojos.

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